Si la percepción no engaña, la crisis internacional en curso continua su masivo avance destructivo sin aún tomar nota de cuantiosas medidas ya aprobadas ni de grandes montos ya sacrificados en su nombre. La paralización del sistema financiero internacional y la reducción de los mercados globales de exportación ha repartido sus efectos por todos los continentes. No sólo economías individuales entran en crisis, también se despliega una crisis del conjunto de los intercambios internacionales - una crisis global. El mundo ya no será el mismo para la segunda década de este siglo. Esta crisis ha mostrado que la globalización, tal como la hemos conocido, no es sólo fuente de grandes oportunidades sino también de grandes riesgos.  En esta primera era de la globalización el neoliberalismo terminó, paradojalmente, por destruir los mecanismos financieros que debían asegurarla contra los riesgos del oficio. La crisis de las grandes aseguradoras, tipo AIG, lo ilustra.

Es, por supuesto, una manera de decir. Pues la crisis no avanza automáticamente - actores interactuan incansablemente con ella e intentan, como el Presidente Obama y otros presidentes por el mundo dar con una solución a los misterios especulativos que la actividad financiera anterior generó durante un par de décadas. Tarea nada fácil cuando los actores que generaron la crisis estaban convencidos (y lo están aún) de haber dado con la fórmula de los alquimistas. Pero en vez de oro generaron un gran hoyo negro que absorbe en la actualidad gran cantidad de recursos fiscales de los que se espera generen una desintoxicación de los circuitos financieros. Indicador de este aspecto de la crisis es que  la administración Obama ha activado el tercer millonario plan de rescate de la aseguradora AIG y que se propone implementar el plan de ayuda al crédito para reforzar el flujo necesario para mantener el poder de consumo de la población. 

Hasta hoy las derechas siguen convencidas de que la acción anticrisis de los gobiernos es sólo un derroche inutil de recursos. Pero uno de los factores que explica que las economías de América Latina hayan logrado resistir los impactos más dañinos de la crisis global - es que la mayoría de los países no están gobernados por las derechas con sus inviables creencias que rechazan el rol del Estado. Es sólo un asunto de observar la pasividad con la que el gobierno Bush soportó la crisis hasta que agobiado por la realidad y en los últimos meses de su gobierno decidió generar un bailout en términos que por lo demás resultaron poco efectivos.